Hasta ahora todo lo que he escrito es mas bien descriptivo y con aires positivos. Por supuesto la vida lejos de casa siempre tiene su obvio lado negativo, que no es la idea comentar, pero por supuesto la falta de los afectos se siente. No es mi intención pasar por ello más que las líneas que acabo de escribir. Pero si a otra forma del mismo sentimiento, el que se vive al revés.

Ayer por la mañana mi amiga Birgit (notar que puse la foto más embarazosa que encontré :-P ), a quien conocí aquí en Mainz, partió en un avión hacia una estadía que la mantendrá por 5 meses en China (!). 2 bearsA pesar de que casi desde que la conocí que sabía eso, la verdad que me pegó bastante fuerte su partida, por suerte no es para siempre. Hasta el momento he conocido muy linda gente en Alemania, pero ella es la mejor amiga que tengo aquí. Entre otras cosas esto lleva a que en este momento signifique para mi incluso mas /otra amiga que extrañar del otro lado del mundo/ (en este caso en la dirección opuesta).

Como de costumbre, mi tendencia a abstraer y teorizar todo me llevó a reflexionar sobre esto, sobre las partidas. Así como hace un párrafo (^^) dije que duele la partida de mi amiga, pero “por suerte no es para siempre”, duele mucho también saber que /algún dia lo será/. La verdad que desde que llegué hace un par de meses he visto muchas despedidas, quizá una por mes. En efecto un porcentaje importante de la gente que conocí ya se fue. Por suerte no me llegué a encariñar demasiado con ninguno de ellos. Pero ahora que quien se fue es la mejor amiga que tengo aquí, puedo sentir la relevancia de este aspecto de la vida como extranjero. Hace unos meses partía la primera persona que conocí al salir del aeropuerto. Antes de irse comentaba con una amiga al respecto de otra amiga, extranjera, de como se sentía al respecto de su partida: “Y, ella estaba muy mal. Esta cansada, cada vez que se hace amiga de alguien éste se vaya, y luego a conocer a otras nuevas amistades que a su momento se irán también…”

Me llevó esto a pensar como será esto en 3 años cuando sea yo el que nuevamente parta. Los amigos que uno se haga aquí se van, tarde o temprano. Y si no se van ellos el que se va es uno. Es lo mismo, cuando uno vuelve, en definitiva también se está yendo. En otra fiesta de despedida, de una pareja de Argentinos, el ánimo de melancolía se sentía en ambiente, si bien sin lágrimas. A pesar de que ellos me habían expresado que sentían mucho deseo de volver, luego de un año en Alemania, se notaba como les dolía dejar la gente de aquí. “A nosotros también se nos va a hacer muy difícil dejar las amistades que nos hemos hecho acá. Cuando uno llega acá ya no hay familia. Los amigos que uno se hace son también la familia…” decía una de ellas. Y la verdad que es así. Cuando uno llega aquí dejó todo. No tiene amigos ni familia ni novia, o con suerte algunos tienen alguna de todas estas. Los amigos que uno va conociendo acá pasan a ser /todo/. Así es como también uno tiende a encariñarse con la gente mucho más de lo que uno lo haría en su lugar, incluso con la gente con la que solo tiene contacto por internet. La conclusión termina siendo simplemente la misma que escuché decir de otra de las personas que ya partieron: “Es el precio que se paga por ser extranjero”…