Pronto el dolor de oídos me anuncia el pronto aterrizaje. El avión atraviesa las nubes y el sol desaparece, pero ahora puedo ver la superficie llena de árboles y de casas en regiones perfectamente delimitadas por lineas rectas. Esa  organización tan geométrica y perfectamente delimitada me hizo recordar a donde estoy yendo. Pronto el aterrizaje, y luego de unos minutos estaba en tierra. Desde ese entonces, como dicen que en Alemania se respetan mucho las leyes, me he mantenido en tierra, respetando la ley de gravedad.

Mi primera impresión luego de caminar unos minutos por el aeropuerto era que éste no estaba tan limpio como los de España y Chile. Tampoco era tan lindo, si bien parecía muy tecnológico, no parecía nuevo y todas las formas eran rectas, a diferencia del aeropuerto de Barajas. También había más gente que en los otros aeropuertos.

Mientras caminaba andaba preocupado porque nadie me había dicho si tenía que pasar nuevamente por inmigración ni donde estaba. Parecía que este era el destino final para todos.

Seguí caminando como el resto de la gente y finalmente me metí en una puerta giratoria. Ahí me encontré con mucha gente recogiendo sus valijas de las muchas cintas. Pensé: bien, entonces éste debe ser el fin del recorrido… Me paré en frente de una cinta a esperar mi mochila. Luego de un rato de esperar escuche que por los altoparlantes anunciaban la llegada de las valijas de otro vuelo por una cinta en particular. Entonces me dí cuenta que estaba esperando en una de las tantas cintas elegida al azar, sin ninguna razón para pretender que mis valijas lleguen por allí (el que me conoce no se sorprenderá de eso :-) ). Finalmente me fije en mi pasaje donde debía esperar, y luego de un buen rato apareció. La levanté y atiné a la puerta, aunque no sabía cual era la puerta. Luego de dar unas vueltas con las mochilas en un carrito, encontré la salida. Había puestos de vigilancia pero nadie en él. Entonces esperé a ver que otro salía para verificar, y salí. Tranquilamente podría haberme llevado la mochila de cualquier otro.

Mi vuelo llegó adelantado y yo había avisado que iba a llegar más tarde (ni me había fijado bien a que hora llegaba), por lo que me quedaba esperar. Por ello dí unas vueltas por la parte comercial del aeropuerto. Para ese momento ya era de noche. Averigüé en un teléfono si no tenía que pasar por inmigración y me respondieron que no, que estaba listo para irme. Llamé a casa (unos 30 segundos que costaron €2) y me puse a esperar.

Finalmente luego de unos minutos llegaron dos personas. “Hola, ¿Tú eres Guillermo?” preguntó uno. Resultaron ser mis nuevos compañeros de trabajo.

El aspecto internacional del instituto se hizo evidente desde el primer momento. Quienes me vinieron a buscar eran un Español y un Indio (y no de los que tiran flechas). Luego de unos minutos en auto legamos al instituto, donde me mostraron brevemente mi oficina y me dejaron con otra compañera de trabajo. Ésta vez rusa (si, muchos ya saben cual es) y me levó en auto al lugar donde me quedaría. Antes de despedirme me acompaño a pedir algo para comer a la pizzería de la esquina. Por alguna razón ese fue el momento más deprimente de toda mi estadía en este país (al menos hasta el momento). La pizzería era uno de los “típicos bares alemanes”, adentro la gente (con aspecto de viejos verdes y borrachos) tomando, fumando, y hablando en un idioma que no entiendo. ¿*Que-hago-acá*? me pregunté. Finalmente nos trajeron la pizza y pudimos salir de ese _horrible_ lugar.

Me despedí de la rusa, y me fui a mi habitación. Entonces, ahí solo, con la sensación que me había dejado estar en ese bar y esa gran habitación vacía me pregunté otra vez que hacía ahí. Como consuelo al menos ya no estaba en ese bar (aún hoy me pregunto por que me dio esa impresión tan terrible).

Antes de terminar el día salí denuevo a buscar un teléfono para llamar a casa, pero si mal no recuerdo los teléfonos que encontré no funcionaron (en realidad no supe como hacerlos funcionar). Volví a casa y ya con una sensación más calma, luego de haber caminado un rato de noche por calles desconocidas y vacías de gente, me fui a dormir. “Mañana empieza otra etapa”…